Historia: Escapa del bosque

Escapa del bosque

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Escapa del bosque

1
Corría por el bosque.
La oscuridad no era su única enemiga, pero por el momento sí era su principal rival ya que dificultaba su recorrido. Avanzaba lo más rápido que podía, pero a cada metro o cada paso un nuevo obstáculo lo detenía: Un tronco en el suelo lo tiraba, una rama baja lo golpeaba en la cara, una roca lo hacía tropezar; era realmente difícil ver algo en aquel lugar tan oscuro, incluso había ocasiones en las que no podía ni ver su mano frente a su rostro, aunque su color de piel tampoco ayudaba con eso. Ladridos hacían eco en los muros de las montañas.
No sabía por cuánto tiempo había estado corriendo, pero debía ser mucho, sentía que ya no podía ni respirar ni dar un paso más, era solamente el miedo lo que lo impulsaba a seguir corriendo, debía alejarse lo más posible de aquel lugar, tan horrible que ni siquiera en sus pesadillas se hubiera imaginado que podía existir. Y es que según lo que le habían contado, ese debió ser un lugar muy agradable y uno de los más bellos que se podía encontrar cualquiera en sus viajes. Cuando se lo describieron y recomendaron, nunca imaginó que pudiera ser tan aterrador.
Se vio obligado a detenerse, definitivamente ya no podía respirar ni dar un sólo paso más, se apoyó en un árbol e intentó tranquilizar su respiración. Aún agitado, no pudo evitar recordar lo que dejaba atrás; el viaje lo había hecho con su mejor amigo. Lo había perdido. Miró atrás, como si eso le ayudara a recordar el pasado con mayor facilidad. Lamentó el haberlo abandonado de esa manera pero no quedaba de otra, de haberse quedado un poco más habría sufrido el mismo destino y ambos se habrían quedado en ese lugar para siempre. Escuchó un ruido, dirigió su mirada a ese lugar y pudo ver a lo lejos la luz de algunas linternas agitándose, buscando en la oscuridad. Inhaló profundamente y, como si quisiera darse mayor impulso, golpeó el árbol con la misma mano con la que se sostenía de él. Continuó corriendo en la oscuridad, tenía que hacerlo. Primero fueron tres las luces que pudo observar, ahora, en un rápido escaneo para ver si aún lo seguían, pudo ver más de cinco luces abriéndose paso a través de los obstáculos del bosque. Era sencillo verlas en aquella oscuridad, el contraste era inconfundible: gruesos rayos de luz amarilla sobre el fondo negro del bosque cortados sólo por los troncos o arbustos incluso más negros que se interponían entre sus persecutores y él. No podía seguir corriendo, pero tenía que continuar, no podía permitir que lo atraparan de nuevo y ya lo estaban alcanzando.

–No podemos permitir que escape, dense prisa –ya podía escuchar sus voces, lo estaban alcanzando y no podría hacer nada por defenderse, aún era muy joven, eso y los nervios y miedo de ser perseguido y atrapado no lo dejarían concentrarse.
–Descuida, los perros tienen su aroma, no irá a ningún lado –esta última voz le resultó familiar.
–¡Dense prisa! –Gritó el primero. Esto le hizo pensar que debían ser demasiados los que le daban caza, se puso más nervioso.

Ya podía escuchar los pasos detrás de él, el sonido de las hojas secas pisadas y las ramas quebrándose era demasiado fuerte, incluso para sus sentidos, que eran más que excelentes, sabía que el sonido era tan fuerte porque estaban cerca. Se detuvo intentando mirar a su alrededor, trató de forzar la vista para encontrar un lugar en donde esconderse, pero de inmediato recordó se dio cuenta de dos detalles importantes, en primer lugar no se veía nada, en segundo, los perros lo encontrarían si se escondía por ahí. Pensó sólo por una fracción de segundo y miró hacia arriba, igual no se veía nada, ni estrellas, ni luna, ni un cielo claro; debía estar nublado, con nubes oscuras de tormenta. Extendió las manos a la altura de su rostro y comenzó a caminar torpemente como si estuviera ciego –y casi se podía decir que así era– hasta que se topó con el tronco de un árbol, lo exploró con las manos para reconocer su tamaño, no era muy grueso. Los ladridos comenzaron a escucharse más seguido, los perros debían estar histéricos. Sin pensarlo dos veces comenzó a escalar el árbol. Con algo de dificultad llegó lo más arriba que pudo, escaló hasta que las ramas fueron muy delgadas como para aguantar su peso. Entonces no pudo hacer otra cosa mas que esperar.

–Tiene que estar cerca, mira los perros.
–Ya es nuestro.
Mirando hacia abajo pudo seguir aquellas luces hasta que se encontraron justo debajo de él, no podía verlos desde ahí, el follaje del árbol se lo impedía, pero los escuchaba claramente, las voces le indicaban que debían ser unas diez personas y quizá cuatro perros. Se detuvieron justo debajo de su árbol, varios de los hombres aprovecharon para recuperar el aliento.
–¿Lo perdimos?
–No, tiene que estar por aquí.
–¿Como pudieron perder el rastro? –Los perros daban vueltas y olfateaban mientras todos los observaban.
–No lo perdieron –afirmó uno de ellos–, el rastro debe terminar en este lugar.
–¿Cómo es eso posible?
–Tiene que estar aquí cerca, ¡búsquenlo! –Ordenó la voz que le resultaba familiar.
Incluso desde la altura no podía distinguir nada, en el horizonte sólo había oscuridad y arriba, en el cielo, sólo un poco menos de oscuridad. Justo en ese momento deseaba con todas sus fuerzas poder ver una luz en el cielo, cualquier esperanza de algún tipo de ayuda. Hacía mucho frio y estaba cansado, se sentó en la rama que lo sostenía intentando descansar y aclarar su mente para pensar qué hacer, pero hiciera lo que hiciera no podía dejar de pensar en lo que había vivido en aquel lugar.

2

–¿Estás seguro que el lugar es bueno?
–No hay nada mejor, te lo aseguro, tiene de todo, los mejores paisajes, fauna exótica, todo tipo de terreno; lo único malo es que los nativos están acabando con su ecosistema, pero no debes tener mucho problema con eso, sólo ten las precauciones de siempre, que no te vean.
–Bueno, te haré caso.
–¿Y con quién irás? Digo, si se puede saber.
–Con un amigo, ¿seguro que es un lugar seguro? él aún es muy menor.
–Claro, yo ya fui a visitarlo y no hubo problema alguno, ni cuenta se dieron de que yo estuve ahí.
–Excelente. Entonces te veo cuando regrese.

En poco tiempo ya estaba en camino, durmiendo, al igual que su amigo, y es que si no era de esa manera, el viaje se les haría eterno. Sin ningún tipo de contratiempo el piloto automático los llevo a su destino y éste mismo los despertó.
–Wow, en verdad tiene muy bonitos paisajes, tu amigo no mintió.
–Tienes razón, nunca había visto uno igual. ¿Qué te gustaría visitar primero? Esta guía dice que hay montañas, desiertos, bosques, océanos, ciudades, aunque esto último está marcado en rojo.
–¿Y qué son los bosques?
–Déjame ver –leyó por un momento su guía y luego le explico a su pequeño amigo–. Son lugares llenos de árboles y todo tipo de vegetación, ricos en fauna y flora, el clima en esta época es cálido principalmente, la lluvia es probable.
–¿Qué es la lluvia?
Leyó por unos segundos y respondió: –Es agua que cae del cielo.
–¿Y cómo pasa eso?
–No lo sé, con suerte nos toca verlo.
–Eso sería genial.
–Entonces está decidido, iremos a un bosque primero.

Habían seleccionado un bosque cubierto principalmente de pinos junto a unas montañas –a su pequeño amigo le había dado mucha risa la palabra pino, y es por eso que lo habían escogido, querían conocer los pinos–. Luego de esconder su vehículo y marcar el lugar en su guía, comenzaron a explorar el lugar.
Con sus dispositivos iban capturándolo todo en imágenes, todos los animales que se encontraban, las flores y a ellos mismos en los paisajes; parecían unos verdaderos turistas. Cuando el Sol estuvo sobre de ellos, Cetonï decidió que era momento de comer, encontraron un tronco de buen tamaño tirado cerca de un risco y lo usaron para sentarse, encendieron una fogata y calentaron en ella una especie de pieza de carne purpura claro que Cetonï sacó de su mochila, tenía tres tentáculos cortos colgando. Creë, el pequeño, sacó una especie de botella plateada de la suya, adentro tenía un líquido azul. Comieron disfrutando una vista panorámica del bosque, desde esa altura lo podían ver todo, un cielo azul muy claro con sólo algunas nubes cúmulos nimbus formándose a lo lejos, varias montañas rodeando el bosque, una superficie verde muy frondosa y, muy a lo lejos, una pequeña estructura artificial.
–Será mejor que a ese lugar no nos acerquemos– recomendó Cetonï, Creë sólo asintió.
–Creo que era cierto, este es el más bello de todos, ¿no es así?
–Tienes toda la razón.
Al terminar de comer continuaron su recorrido, esta vez junto a la montaña, ascendieron durante horas siguiendo algunos senderos, cuando llegaron a cierta altura, el Sol ya comenzaba a ocultarse en el horizonte, el azul claro del cielo ya había ganado fuerza convirtiéndose en un azul rey profundo en el cenit y mucho más oscuro al lado opuesto de los tonos dorados y rosas junto al Sol.
–No me deja de maravillar este lugar –comentó Creë, quien caminaba con la mirada hacia el cielo–. Cuando notó aparecer las primeras estrellas sonrió.
–Es hora de regresar, no creo que sea bueno estar afuera cuando oscurezca por completo, y no deberíamos alumbrar mucho.

Permitió que Creë pasara adelante y lo siguió muy de cerca, siempre con la mira en él. El camino de regreso fue más rápido, y directo, pero al estar a punto de llegar, algo le extrañó a Cetonï.
–Algo no está bien –se adelantó, cuando pasó junto a Creë, colocó su mano sobre su hombro, como para indicarle que se detenga y lo espere ahí.
–¿Qué pasa?
–¡No está! –Se detuvo un poco más adelante, observaba detenidamente la escena.
–¿Qué no está?
–Nuestra nave, no está.
–¡¿Qué?! Quizá este no es el lugar.
–No, aquí fue donde la dejamos –se mantuvo en silencio por unos segundos, analizando la situación, no dejaba de mirar el dispositivo en su mano, en la pantalla negra un punto rojo parpadeante se alejaba cada vez más de su posición. –Vámonos.
Tomó a Creë de la mano y caminó aprisa hacia la oscuridad del bosque, siguiendo la luz roja.

3

–¿A dónde vamos?
–Tenemos que encontrarla.
–Pero, ¿a dónde vamos?
–Creo que a esa estructura.

En ese momento Cetonï se detuvo, jalaba de la mano a Creë, quién hasta ese momento iba siempre detrás de él. Ambos pudieron contemplar el edificio que habían visto a lo lejos durante la tarde, aún quedaba mucha distancia entre ellos, lo miraban desde una loma, pero lo tenían más cerca ahora que en la tarde. Era un edificio de varios pisos, completamente gris y sin ningún tipo de imagen en él, en el techo una gran antena apuntaba hacia el cielo, en el suelo varios hombres vestidos con pantalones y chamarras grises corrían por todos lados, algunos cargaban grandes armas, otros llevaban grandes perros.
En ese momento un carro negro llegó al edificio, dos hombres vestidos con trajes negros salieron del vehículo y entraron a toda prisa al edificio.

–¿Qué vamos a hacer? Si se encuentra en ese lugar no podremos recuperarla –comentó Creë muy preocupado.
–Hay que observarlos por un tiempo, debe de haber una forma de entrar.
Avanzaron un poco más hacia el edificio, aunque aún estaban muy lejos lo hicieron con mucho cuidado, no querían llamar la atención de nadie. En silencio, los dos se acercaron despacio a unos arbustos bajo los árboles, se ocultaron detrás de ellos y, metiendo las manos entre las hojas, observaron el movimiento del lugar. Conforme el tiempo pasó, la oscuridad de la noche los cubrió por completo y los hombres en el patio fueron calmándose y reduciendo su número.
–Espérame aquí –dijo Cetonï mientras comenzaba a avanzar hacia el edificio, de inmediato Creë lo tomó de la mano.
–¿Qué vas a hacer? ¡Quiero ir contigo!
–No, tú espérame aquí. Sólo me acercaré un poco más a ver el lugar por el otro lado, descuida, te traeré una foto –le dedico una sonrisa y continuó caminando, soltando su mano lentamente.

Avanzó muy despacio –demasiado teniendo en cuenta que aún estaba algo lejos del edificio–, se iba escondiendo en cada arbusto y cada árbol que encontraba, y cualquier cosa que pudiera encontrar. Creë intentó nunca perderlo de vista, lo siguió con la mirada hasta que ya no pudo más.
Rodeó la estructura sólo para descubrir que estaba igual o más protegido del otro lado. Se sentó a pensar un rato en las opciones, tenía que hacer algo, no podían simplemente irse de ahí porque eso significaría que nunca podrían regresar a casa. Avanzó de regreso para ver si encontraba algún punto ciego en la vigilancia y así fue, en la parte posterior de la estructura, que podía ver desde arriba del risco que protegía esa zona, sólo había un par de hombres en el techo y uno más vigilando el perímetro, esperó y vigiló por unos minutos. Los dos hombres del techo se reunieron para compartir un cigarro, se acercaron a una de las esquinas dejando un lado descuidado, en ese momento el hombre de abajo llegó a la misma esquina en su ronda y en lo que se perdía de vista en la esquina del muro, Cetonï aprovechó para tomar impulso y saltar hasta el techo, aterrizó con una maroma y, sin detenerse, corrió hasta el hueco de las escaleras que lo conducirían al interior. Creë sólo vio a su amigo saltando al interior, eso lo asustó un poco. Los guardias no vieron nada.

Bajó por las escaleras con cuidado, eran unas escaleras angostas y oscuras –después de todo, eran sólo las que conducían al techo–. Al llegar a la puerta tuvo su primer contratiempo, no podía abrirla; no sabía porque había un muro en ese lugar, sabía que se tenía que quitar de alguna forma, pero no sabía cómo. Empujarla fue su primer opción pero no podía moverla, intentó buscar un interruptor o un panel que lo moviera pero no había nada, nada mas que una esfera, intentó jalarla hacia él, empujarla y deslizarla, pero nada. Comenzó a ponerse nervioso, los hombres del techo podrían bajar en cualquier momento y lo verían ahí, atrapado. Se apoyó en la puerta sujetando la esfera para pensar, en ese momento su mano se deslizó de la esfera y ésta giró, la puerta se abrió.
Se asomó temerosamente para revisar que no hubiera nadie, el pasillo estaba muy poco iluminado, algo que le favorecía, salió y comenzó a caminar pegado a la pared. El punto parpadeante en su rastreador indicaba que ya estaba en el lugar, así que asumió que lo que buscaba se debía encontrar pisos abajo, incluso bajo tierra. Por alguna razón los pisos estaban casi vacios, sólo alguno que otro hombre saliendo de un cuarto o entrando en otro, de fijo un guardia en la puerta del ascensor en cada piso; él continuaba bajando por las escaleras. Sólo eran 6 pisos. Llegando a la planta baja tuvo problemas, el piso estaba repleto de hombres que entraban y salían en todo momento, sujetos vestidos con batas blancas entraban y salían de una puerta al centro de la habitación principal, la cual estaba custodiada por un hombre armado a cada lado, la puerta principal también tenía vigilancia. No tuvo que esperar demasiado en lo que trazaba un plan ya que algo llamó su atención. De pronto comenzó a escucharse mucho ruido, barullo por todos los presentes hablando al mismo tiempo. Pudo notar entonces como varios de ellos salían corriendo por la puerta principal, los guardias y los sujetos en bata blanca, momentos después también salieron los dos hombres en traje negro. Él lo veía casi todo desde el último escalón, se podría decir que en el primer piso, se refugiaba con el pequeño muro de seguridad que subía junto con las escaleras, y lo miraba todo a través del triángulo formado entre ese muro y el techo. Los hombres permanecieron algún tiempo fuera, Cetonï sólo pudo esperar.
Pasaron alrededor de cinco minutos y los hombres comenzaron a entrar de nuevo, Cetonï, que permaneció sentado en los escalones, esperando, se levantó para observar sobre el barandal. Primero entraron un par de guardias, enseguida entraron algunos hombres en bata blanca seguidos por una camilla, ésta era empujada por más hombres de blanco, detrás de ellos entraron más guardias y al final entraron los hombres vestidos con traje negro. Finalmente Cetonï pudo ver a qué se debió todo el alboroto. Sobre la camilla, atrapado con fuertes correas, iba el pequeño Creë retorciendo su cuerpo intentando liberarse –lo poco que le permitían esas correas, o casi nada–, gritaba ruidos ininteligibles que sólo Cetonï alcanzaba a distinguir. Al verlo, su primer instinto fue el de correr a su rescate, en muy poco tiempo llegó al último escalón de las escaleras, pero justo ahí se detuvo, aún con la mano derecha sobre el barandal. Pensó la situación en su mente en tan sólo unos segundos, en realidad no podría ayudar a su amigo con la custodia de todos esos hombres, muchos estaban armados, y en cuanto saliera de su escondite lo atraparían a él y los dos estarían perdidos. Retrocedió unos cuantos escalones y esperó para analizar la situación.
Cuando terminaron de entrar todos los hombres, la habitación principal se quedó vacía, desde ese lugar le parecía que aún había movimiento afuera, las puertas estaban cerradas, pero se podían ver sombras moviéndose a través de las ventanas opacas de la puerta y debajo de ellas, no entraban, sólo se movían afuera, Cetonï imaginó que estarían haciendo guardia solamente. Comenzó a bajar las escaleras lentamente, como esperando a que en cualquier momento entrara alguien a descubrirlo, pero no fue así. Llegó a salvo hasta las puertas gemelas al fondo de la habitación, por donde habían entrado todos y las empujó muy despacio, sólo lo suficiente como para poder ver entre ellas, al ver que era seguro entró dejando que las puertas se cerraran detrás de él.
Un gran pasillo se extendía frente a él, era completamente blanco, con una luz muy brillante, del lado derecho tenía cuatro puertas separadas entre sí por unos seis metros, al final habían otro para de puertas iguales a las que acababa de cruzar; estaba completamente vacío. Caminó hasta la primer puerta e intento abrirla. Cerrada. Llegó a la segunda. Cerrada. Repitió hasta la cuarta. Todas cerradas. Finalmente llegó hasta las puertas grandes. Buscó la esfera que tenían todas las puertas para poder abrirla pero no pudo encontrarla, retrocedió unos pasos para poder apreciar con una mejor perspectiva el lugar, sólo pudo ver un panel con dos botones, uno verde y uno rojo. Oprimió el verde –era el que estaba arriba en el panel–. Nada pasó. Oprimió entonces el rojo –el de abajo–. Nada pasó. Esperó un poco en lo que pensaba que hacer, pero apenas comenzaba a formular un plan, las puertas se abrieron solas deslizándose hacia los lados. Sólo había un cubo vacío, entró y de nuevo las puertas se cerraron tras de él, sintió el movimiento, al parecer el cubo descendía.
Las dos puertas se abrieron al mismo tiempo. Un pasillo igual de largo se extendía frente a él. Sintió una extraña sensación de déjà vu al ver ese pasillo, es como si estuviera en el mismo lugar y ese sentimiento de movimiento sólo hubiera sido una ilusión al creer que salió en el mismo lugar. Las mismas puertas recorrían la pared –a su izquierda en esta ocasión– y al fondo, a lo lejos, otras puertas gemelas de las que salía mucha luz por debajo de ellas y por las pequeñas ventanas. Caminó hasta ellas con el mismo cuidado que antes hasta llegar hasta ellas, intentó observar algo por una de las ventas pero la luz que salía de ellas era muy fuerte, sólo podía ver algunas sombras borrosas dentro que iban de un lugar a otro, parecía que no había nadie cerca y que no prestaban atención a la puerta, lo pensó por algunos segundos y finalmente se aventuró a entrar.

4

Sólo abrió un poco una de las puertas, primero sólo asomó la cabeza un poco, la luz fue aún más intensa que antes, lo único que podía apreciar era el barullo que había dentro, voces se escuchaban de personas que hablaban todos al mismo tiempo, gente que iba y venía y que no lograba ver con claridad, un par de segundos y nada pasó, se animó a entrar por completo al fin. Cuando la puerta se cerró detrás de él, todo el caos se convirtió en silencio. Dos pares de manos lo sujetaron por atrás posándose fuertemente sobre sus hombros. La conmoción que existía en el lugar desapareció, mientras él intentaba soltarse a como diera lugar, sólo se escuchó el silencio y, cuando finalmente se percató de eso, levantó la vista para observar que pasaba. Estando dentro de la habitación pudo ver con claridad lo que ocurría: Habían guardias por todas partes, sin mencionar a los que lo estaban sujetando por atrás; tantos hombres en batas blancas que no podía contarlos, al centro de la habitación estaban los dos hombres de traje negro y en medio de ellos uno más con traje gris y una bata blanca encima; los hombres de negro sonreían, mientras que el resto de los presentes miraban con asombro a Cetonï, como si el simple hecho de que estuviera ahí fuera algo sorprendente.
Sólo unos segundos después todos continuaron con lo suyo, los guardias comenzaron a empujar a Cetonï hacia el centro, fue en ese momento que pudo ver, detrás de estos hombres, la mesa blanca, como de algún tipo de material plástico, en la que Creë estaba firmemente sujeto por gruesas correas en sus muñecas, tobillos y cabeza. Estaba inmóvil, cansado, pero llorando, ya se había dado cuenta de que no tenía sentido luchar. Lo acercaron a una mesa igual de blanca, limpia y perfecta y lo sujetaron de la misma manera.
–Es sorprendente que haya otro de ellos –dijo uno de los hombres de blanco, uno viejo con larga barba gris y casi sin cabello–.
–Lo sorprendente es que haya llegado hasta este lugar por su cuenta doctor –respondió uno de los hombres en traje negro.
–Quizá este aparato lo ayudó –el doctor señalaba el rastreador en el brazo de Cetonï, él sólo podía verlos desde abajo, impotente–.
–Quítenselo, lo analizaremos después, Hay que proceder.
–¿Y con cuál empezamos?
–Con el pequeño, como estaba planeado –todos voltearon a ver a Creë y comenzaron a caminar a su mesa, eso preocupó mucho a Cetonï, a pesar de que no podía entenderlos, sabía que nada bueno podía venir a continuación–.
Finalmente varios de los hombres con bata blanca rodearon al pequeño, los dos hombres en traje negro se mantuvieron al margen, mirando un poco más atrás.
Nunca debí traer a Creë a este lugar –Cetonï se lamentaba en su interior mientras intentaba soltarse inútilmente de sus amarras–, el no tenía asegurada la cabeza así que, sin contar que de vez en cuando se atravesaba en su vista, tenía lugar en primera fila para lo que estaba por pasar. Pudo ver que acercaron un pequeña mesa con varios utensilios de metal, igual no sabía qué eran, pero en su interior sabía que eso empeoraba a cada minuto.

El doctor volteó a mirar a los hombres de negro, el mayor de ellos le hizo una seña con la cabeza y el doctor comenzó, encendió una grabadora y otros sacaron sus libretas y comenzaron a tomar nota de lo que ocurría, uno de los guardias encendió una cámara de video que grababa fijo todo lo que pasaba en la mesa.
–Estamos comenzando con el más pequeño de ellos, ahora son dos, el grande llegó por su cuenta a las instalaciones, suponemos que fue buscando a su amigo, llegó hasta el sótano sin que nadie lo viera. Bueno, comenzaré... el sujeto mide cerca de un metro, no viste ropa, a pesar de que lo encontramos fuera en el bosque, lo que nos indica cierta tolerancia al clima de aquí... su piel es de un color gris oscuro, con cierta tonalidad de un verde claro, ligeramente rugosa, en manos y pies sólo tiene 4 dedos alargados... el diámetro de su cabeza es grande a comparación de su cuerpo en extremo delgado... sus ojos son demasiado grandes, negros como la noche, no esperen –dijo mientras se acercaba a pocos centímetros de su rostro–, tienen una coloración verde, como destellos que se ven sólo a contra luz... bueno, procederé a anestesiarlo –el doctor giró para tomar una máscara conectada por un tubo a un tanque de gas, pero en ese momento fue interrumpido–.
–Para nada doctor, proceda sin anestesia.
–Pero eso le causaría mucho dolor.
–Estoy consciente de ello doctor, quiero medir su umbral de dolor, saber cuánto pueden resistir.
El doctor lo miro preocupado por unos segundos, pero finalmente continuo ante la mirada inquisitiva del agente.
–Procederé a hacer un corte en el pecho entonces, desde la base del cuello hasta el estomago –comentó a su grabadora mientras tomaba un bisturí nada pequeño, ese detalle no escapó a la vista de Cetonï, quién intentó soltarse aún con más fuerza, pero sin resultado. Colocó la punta afilada sobre la piel de Creë, justo debajo de la garganta y presionó con un poco de fuerza, la piel no hizo mucha resistencia-.
El pequeño soltó un grito te retumbó en los muros de todo el sótano, incluso fue posible, para algunos, escucharlo en el piso superior. La desesperación de Cetonï cada vez era más grande, estaba a punto de llorar de impotencia al no poder ayudar a su amigo, al cual estaban a punto de asesinar enfrente de él.
Con un largo movimiento, el doctor realizó el corte que daría muerte a Creë. Primero sintió el dolor, luego fue mucho frio, junto con muchas nauseas, la cabeza comenzó a darle vueltas tan rápido que perdió el conocimiento en instantes. Aún en su inconsciencia pudo distinguir una sensación de estar mojado, pegajoso, sintió incluso cuando comenzó a tocarlo por dentro, finalmente el frio comenzó a invadir todo su cuerpo siendo esto lo último que pudo sentir.
–Su sangre es de color morado –continuó el doctor mientras hacía el corte y ésta brotaba de su cuerpo–, los órganos son... no lo sé... parecen similares a los de nosotros, no podría decirlo sólo así, sabré más con el análisis, según las indicaciones del agente Jay, se realizó el procedimiento sin anestesia para comprobar la resistencia y tolerancia al dolor del espécimen, la cual a mi parecer, no resultó nada sorpréndete, al contrario, fue bastante similar a la de nosotros.
Cetonï sólo pudo ver horrorizado como el doctor hurgaba con sus manos en el interior de su pequeño amigo, al que quería como su hermano pequeño y al que había jurado proteger y cuidar siempre. Estaba calmado, o más bien congelado, no podía apartar la mirada del cuerpo inerte de Creë, las lagrimas caían de sus ojos mientras recordaba todos los momentos felices desde que lo había recogido tras la muerte de su familia –Maldición, se suponía que este debía ser el mejor viaje de su vida, lo que le ayudaría a olvidar la muerte de su familia... y todo por mi culpa–, no podía dejar de pensar en eso, cada recuerdo, triste y feliz desde que estaban juntos, le recorría la cabeza; su respiración comenzó a acelerarse, su cuerpo estaba tenso por completo, sus puños apretados, la cabeza comenzó a dolerle; entonces escuchó algo que llamó su atención de nuevo, el ruido de algún aparato.
Uno de los hombres de traje negro sacó su móvil y atendió una llamada.
–Diga.
–[...]
–Sí, ya lo abrimos.
–[...]
–En realidad nada muy especial, sólo son... diferentes.
–[...]
–Sí, son dos, uno llegó por su cuenta.
–[...]
–No, pensaba mantenerlo vivo.

El dolor de cabeza se hizo más fuerte, tanto que dejó de poner atención a las personas en la habitación, intentó enfocar la vista pero por más que lo intentara, todos seguía borroso; esto lo asustó aún más, cerró los ojos apretándolos con fuerza.
–¿Qué es eso? –preguntó el hombre del traje negro.
Al principio pareció un zumbido que iba aumentando de volumen, cuando identificaron la fuente del sonido pudieron ver que era la mesa que sostenía a Cetonï, estaba vibrando. Luego comenzó a vibrar la lámpara sobre de él, luego la mesa con los utensilios del doctor, luego cada objeto en la habitación. Cada hombre miraba con una mezcla de asombro y temor el objeto más cercano, mesas, lámparas, botes de basura, sillas, las puertas, cada objeto vibraba tan fuerte ahora que parecía estar rebotando en su lugar. Cetonï abrió los ojos de golpe al mismo tiempo que extendió los dedos de las manos, todo en la habitación salió volando con el impulso de una onda expansiva, las personas que se encontraban más cerca a él quedaron inconscientes en el suelo, los demás se quejaban del golpe que se habían dado en la pared, todo había sido arrojado hasta los muros en la dirección opuesta a Cetonï. El dolor de cabeza desapareció. Sólo un par de segundos después Cetonï reaccionó, se sorprendió de ver el caos, y más de verlos a todos inconscientes en el suelo.
¿Qué fue lo que pasó aquí?
Le costó algunos otros segundos darse cuenta de que sus ataduras no lo sostenían más, pero al hacerlo bajó instintivamente de la mesa con un sólo salto y corrió hacía la entrada brincoteando para no pisar a las personas ni a los objetos regados en el suelo. En el gran pasillo tuvo vía libre para correr. Entró en el ascensor y éste subió. Las personas en ese nivel aún no tenían conocimiento de lo que había ocurrido en el sótano, por lo que llegar hasta el recibidor fue tarea sencilla. Al llegar a la puerta principal tuvo la prudencia de detenerse y no salir corriendo, se asomó por el espacio entre ambas puertas, no podía ver casi nada, pero con lo poco que se veía fue suficiente para saber que afuera había mucha gente y podrían detenerlo.
Creo que me iré como llegué –pensó mientras se dirigía a las escaleras.
Avanzaba lo más rápido y agachado que podía, no encontró a nadie por los pasillos que conducían a las escaleras de cada piso, incluso los hombres del techo ya no estaban. Tomó vuelo desde la orilla opuesta, apoyó su pie en la barda para darse impulso y comenzó a correr para dar un gran salto al llegar a la orilla opuesta. No llegó tan alto como él hubiera querido, incluso se golpeó de la cintura para abajo contra el muro de roca del risco. En ese momento un gran ruido se escucho por los alrededores, Cetonï no sabía lo que era pero no le gusta, le resultaba muy escandaloso e inconveniente. La alarma se había dado y casi todo el personal de la instalación había salido para darle cacería. Los hombres salieron en todas direcciones, algunos corrieron hacia el bosque en parejas, otros montaron sus vehículos y siguieron los senderos y caminos, los demás salieron en grupos más grandes siendo precedidos por feroces perros entrenados, y era en este grupo en donde los hombres de negro se encontraban. Uno de ellos tuvo el instinto de voltear hacia arriba del risco que se encontraba detrás del edificio, es posible que haya podido ver movimiento de reojo. Justo en ese momento Cetonï había terminado de escalar y se había ocultado detrás de un arbusto antes de ser visto.

5

Lo que dijeron abajo lo regresó al presente y a lo que pasaba debajo de él.
–¿Ahora que tienen éstos? –pregunto uno de los hombres al ver a los perros, parecía que intentaban escalar el árbol que todos rodeaban, brincaban a su alrededor y ladraban, lo rascaban y volvían a saltar.
Uno de los hombres levantó la mirada junto con su linterna, alumbró el tronco y lo fue siguiendo, sólo se veían ramas y hojas. Permaneció viendo por unos instantes.
–¡Está arriba! –gritó el hombre– ¡Escaló el árbol!
Todos los demás comenzaron a buscar entre las ramas con su luz. Entre tanta rama y hojas, Cetonï sólo podía ver que la luz de las linternas intentaba encontrarlo, pero lo que sí distinguió fue que claramente sabían que estaba ahí arriba. Por un momento sólo miró hacia abajo, como esperando el momento en que comenzaran a escalar el árbol, o el momento que comenzaran a derribarlo, sabía que, aunque se encontraba a gran altura, no estaba a salvo; instintivamente y en sólo unos segundos, comenzó a pensar en sus alternativas: definitivamente no podía bajar del árbol, no sólo lo capturarían de inmediato, sino que esas creaturas tan escandalosas se lo podrían comer –o eso pensaba él–; levantó la vista y examinó los alrededores, nada mas que las copas de los árboles vecinos, y más arriba, las nubes oscuras que anunciaban la tormenta por llegar. Realmente no tenía muchas opciones.
–¿Subimos por él? –preguntó uno de los hombres dirigiéndose al mayor de los hombres de traje negro; no obtuvo respuesta, éste sólo continuó mirando hacía arriba intentanndo identificar a su presa.
–¡Disparenle! –ordenó el otro hombre en traje negro.
–¡¿Estás loco?! –le respondió el otro.
–Sólo un sedante, para bajarlo.
–La caída podría matarlo, lo necesitamos vivo, e intacto.
Todos volvieron a mirar hacia arriba, pensativos, buscaban la mejor manera de capturarlo. Cetonï miraba hacia abajo pensando en la manera de escapar.
–¡Subiré por él! –sin esperar una respuesta, el agente más joven se lanzó al tronco del árbol y comenzó a escalarlo con algo de dificultad, todos lo observaban. No iba ni a la mitad del árbol cuando sintió una sacudida, levantó aún más la mirada para ver de qué se trataba, pero el follaje y la oscuridad no le permitieron ver nada.
–¿Vieron eso? –Preguntó alguno de los hombres.
–¿Qué cosa?
–¿De qué hablas?
El hombre de traje negro permaneció serio mirando al cielo, en la oscuridad de las nubes negras apenas y se había visto una mancha cruzando el cielo. Los perros estaban más inquietos y empezaron a jalar a los hombres hacia otro árbol. Mientras los demás intentaban calmarlos, el hombre de negro sólo procesaba toda la información.
–¡Síganlos! –Ordenó el hombre al descubrir lo que había pasado–. Bájate de ahí, ya no se encuentra en ese árbol.

Cetonï se sujetaba con firmeza a la punta de otro árbol mientras ésta se agitaba con fuerza, había saltado de un árbol a otro, cuando el árbol dejo de balancearse bajó un poco para apoyarse en una rama y volvió a saltar hasta otro árbol cercano, luego saltó a otro, y luego a otro.
–No lo pierdan de vista.
–Pero no se ve nada.
–Los perros, sigan a los perros.
–¡Ahí, lo vieron, ahora está en ese!
–¡No! Los perros van para allá.
Los hombres abajo intentaban no perderlo. De pronto, el eco de un trueno retumbó por todo el bosque viajando entre las montañas, los perros ladraron más fuerte aún. Otro trueno, esta vez más cerca.
–Ya no lo veo –dijo uno de los mientras todos miraban hacia el cielo–.
Ya se preparaba para dar otro salto, en ese momento algo lo asustó, casi perdió el equilibrio pero alcanzó a sujetarse del tronco; un rayo había cruzado el cielo acompañado con un fuerte trueno que estremeció el bosque entero, la luz del rayo, nueva para Cetonï, fue como un día de un segundo.
¿Qué fue eso?¿Qué le está pasando al cielo? –Se preguntó a sí mismo mientras miraba las nubes oscuras.
Volvió a fijar su objetivo y se preparó para dar otro salto.
–¡Allá, creo que vi algo! –los demás siguieron su dedo para ver a dónde señalaba, los perros estaban intranquilos, pero no parecían tener más interés por su presa.
–Debemos apresurarnos, con la tormenta no podremos encontrarlo y los perros le perderán el rastro.
Otro rayo atravesó el cielo acompañado de un rugido aún más fuerte.
–¿Ya podemos dispararle? –pregunto el agente de negro a su superior, éste lo pensó por un segundo hasta que finalmente movió la cabeza de forma afirmativa.
Los hombres prepararon sus rifles y los cargaron con dardos tranquilizantes, luego los apuntaron al cielo en espera de una señal que les dijera en dónde estaba su objetivo.

Los rayos eran algo que habían maravillado a Cetonï, le gustaba la manera en que iluminaban el bosque por completo, aunque fuera por un instante, los truenos eran lo que no le gustaba, pero aún así no dejaba de ver hacia el horizonte en espera de que otro rayo lo iluminara, casi podía sentir el poder que desprendían.
Ojala Creë pudiera ver esto –ese pensamiento lo entristeció, era la primera vez que recordaba a su amigo desde que eso había pasado.
Recordó sus últimos momentos y se imaginó lo que debió de haber sentido al ser atrapado por esas creaturas, el miedo de no saber lo que le esperaba y estar atado a esa mesa, el dolor al ser abierto. Comenzó a llorar, se sentía muy triste, pero al mismo tiempo sentía un gran enojo, odio, por las personas que se encontraban debajo de él. De pronto el trueno más fuerte hasta el momento se hizo escuchar acompañado de su respectivo destello, el cual duro por varios segundos partiendo el cielo con una enorme grieta llena de color, un blanco brillante con un fulgor morado. –Tengo que escapar de aquí Volvió a la realidad, sólo se secó las lagrimas y se preparó para dar otro salto, lo tenía que planear bien, el siguiente árbol le quedaba más lejos que los anteriores; justo en el momento que iba a dar el salto, algo nuevo para él sucedió: era agua, estaba cayendo agua del cielo.
¿Lluvia?¿Esto es la lluvia? A Creë le hubiera encantado, es muy fresca.
La tormenta había comenzado, de la nada el viento comenzó a soplar con fuerza, las gotas que caían eran grandes y pesadas; esto ya no le gustó tanto a Cetonï, quién decidió seguir su camino, se preparó y dio un salto, en ese preciso instante otro relámpago se disparó, fue como el flash de una fotografía que capturó el impresiónate salto que dio. El fenómeno llamó la atención de los hombres en el suelo justo a tiempo para ver saltar a Cetonï hasta el otro árbol, la luz del rayo hizo el efecto de congelarlo en el aire por sólo un instante, todos lo habían visto perfectamente sin árboles que les estorbaran, ninguno perdió el tiempo y comenzaron a disparar. Aterrizó en la rama del árbol con agilidad y sin ningún rasguño, sin embargo, la lluvia ya había hecho de las suyas y la rama, y todo el árbol, estaba empapado, provocando que cayera. Intentó desesperadamente agarrarse de cada rama, pero éstas no hacían mas que golpearlo o rasguñarlo, cayó por todo el árbol, varios metros de altura rodando entre los brazos de ese enorme árbol, se golpeó la espalda, la cabeza y las piernas, sus brazos acabaron llenos de rasguños cuando al fin aterrizó en la tierra mojada con un seco golpe en la espalda, esto le sacó el aire y lo dejó inmóvil. Hizo el intento de levantarse pero fue inútil, estaba muy golpeado, las fuerzas lo abandonaron con rapidez hasta que finalmente se desmayó.

No se podía mover, la cabeza le daba vueltas. Mantuvo los ojos cerrados por un momento en lo que hacía memoria, sólo le costó unos segundos recordar lo que le había pasado, estar consciente de su caída le recordó los golpes y las heridas a su cuerpo y éste comenzó a doler. Intentó llevar las manos a su cabeza pero algo se lo impidió, de hecho notó que no podía mover ninguna parte del cuerpo y se asustó, abrió los ojos súbitamente sólo para ser cegado por esa intensa luz blanca sobre de él. Volvió a cerrar los ojos con fuerza y luego de unos segundos los volvió a abrir, todo se fue aclarando poco a poco, la habitación se le hizo familiar. El terror lo invadió por completo y le recordó de nuevo a Creë. Estaba en esa habitación blanca, atado a una mesa ligeramente inclinada –por lo que podía ver a la perfección todo en el cuarto, es especial el cuerpo mutilado de su amigo sobre otra mesa frente a el–, y rodeado por los hombres de bata blanca.
–Ya despertó –avisó el doctor.
El hombre de negro se acercó hasta a él y lo miró con una sonrisa sínica.
–Te tenemos, y esta vez no podrás escapar.

 
 
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2 Comments:

  1. marcela royo lira

    Un muy buen cuento, mantiene la tensión, intriga el querer saber, atrapa y el lector se ve obligado a seguir leyendo. Un final abierto, acorde con la historia.

  2. Muy buen relato, debo decir que me atrapa; mantiene la tensión en todo momento y al terminar de leerlo te queda la sensación que habrá luego una siguiente parte que termine de desarrollar la historia.

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